La vida es eso que pasa con el tiempo y por mucho que lo intentemos no podemos prohibirle que pase, y ahí en el medio de ese tiempo estamos tu y yo, desnudandonos en cuerpo y alma, erizándonos la piel con cada caricia, dejando el tiempo volar pero volando nosotros también.
Te dije que llegué para quedarme, que te esperaría toda una vida si hiciese falta, porque solo tu sabes hacer desaparecer esa coraza que muestro, solo tu sabes como hacer correr el tiempo y como disminuir su ritmo cuando faltas. Eres ese reloj que está incrustado en lo más hondo de mi corazón y que va marcando mis pasos, mi ritmo de vida.
Prometí quedarme para siempre, prometí quedarme aunque duela, aunque mi almohada se canse de sujetar lágrimas y mis ojos se cierren al compás de las mismas. Prometí volver a esperarte aun cuando ya te has ido y ni siquiera tienes billete de vuelta, pero yo estaré ahí, en ese lugar, para que el día en que vuelvas veas que yo cumplo mis promesas.
No soy de enamorarme, ni siquiera de intentar gustar a nadie, pero llegaste tu y arrasaste con mis principios, me enamoraste hasta las trancas e hiciste que cada mañana me levantara para intentar gustarte.
Y ahora, lo único que se, es que voy a quererte por mucho que duela, voy a quererte por mucho daño que me hagas, porque si, lo se, soy imbécil, pero una imbécil que te va a querer aunque eso le provoque la muerte.