Existen tantos coeficientes por encima de 150 y aún nadie ha tenido los cojones de decirme porque los domingos nos da por echar de menos y porqué abril nos congela por dentro. Menuda putada eso de querer tanto y a la vez tan mal, menuda putada ser tan fanática de las alturas cuando las alas me fallan cada tres por dos y tengo que recomponerme de cada caída y menuda putada saber que mi próxima cicatriz va a llevar tu nombre.
Los sabios siempre han dicho que las ruínas son señal de que hubo un gran imperio hace mucho tiempo, supongo que el amor es eso, pasar de que te quieran a que te olviden y no hacer nada al respecto, clavarme un cuchillo a consecuencia y no vendar la herida porque la sensación de dolor lleva la mitad de tu nombre, o simplemente perder todos los trenes del mundo porque quedarme a tu lado me hace más feliz, aunque solo sea un rato más.
Llevo demasiado tiempo subsistiendo a base de "al menos estamos bajo el mismo cielo" pero es que ya no me sirve, no cuando me muero de ganas de leer en braille tu espalda cada noche y no cuando deseo con todas mis fuerzas ser roma y que todos los caminos te lleven a mi.
Llega la despedida y te digo que ha sido un placer que me hayas dolido aunque disparabas cien balas por palabra que acabaron desgarrandome el pecho, entonces fue cuando más quería amarte, y es que ahora son las dos y media de la mañana, tengo un campamento montado bajo mis propias sábanas, una lágrima que me está pidiendo que la saque a bailar por mis mejillas y una canción intentando alegrarme el día.
Pero lamento decirte que ni yo mato por celos, ni tu mueres por mi.